CULIACAN, SIn.- El 10, el 10 de la suerte llegó a Dorados y Diego Maradona arrancó como su técnico de manera exitosa, al ganar 4-1 a Cafetaleros.

Todo parecía indicar que Dorados de Sinaloa terminaría igual, o con empate o con derrota con un gol fallido de Julio Nava al minuto 15.

“¡Marradooona (sic), pin… Marradooona, sácalo!”, gritaba un aficionado con sombrero.

Y al minuto 17, Christian Báez fallo otro tiro, causando el alarido de las más de 10 mil personas que fueron llenando de forma lenta el estadio Banorte, con capacidad de 20 mil.

Maradona se mantuvo con una aparente tranquilidad y con sus brazos cruzados, viendo una que otra vez uno de sus dos relojes, el del lado izquierdo.

Sin embargo, Luis Islas, su auxiliar, no pudo mostrarse tranquilo y tras algunas palabras al oído de Maradona se paraba, gritaba, dirigía.

Al minuto 42, Diego rompió la calma, dejó el banquillo y con gritos y brazos extendidos dio indicaciones a unos Dorados que mantenían en blanco el marcador al medio tiempo.

Al regreso, al minuto 47, el 10 ya empezaba a perder la compostura, ya gritaba y hacía gestos de enfado.

“Ni con el mismísimo Dios funcionan”, manotea una chica con la playera de Dorados, la del año pasado.

“Traigan a Campos”, pide otro niño, refiriéndose al pitcher Francisco Campos, presentado al medio tiempo, para promocionar la temporada beisbolera que inicia en octubre.

Pero el grito ahogado de la afición llegó gracias al 10, el 10 de la suerte, no el de Maradona, el de Vinicio Ángulo, quién metió do tantos.

Maradona saltó entonces de un brinco, no importó su pierna con la que no puede caminar bien; aplaudió, festejó y abrazó.

Dos minutos más tarde, Cafetaleros anotaba. Pero no importó, la afición desbordaba en júbilo.

Al minuto 73, el árbitro marcó penalti y Maradona saltó de nuevo feliz y persignándose le pidió al otro Dios que fuera gol, y escucharon sus ruegos, llegó el tercero, del mismo 10 de la suerte, Vinicio.

Al 80′, la locura. Jesús Escoboza trajo el cuarto gol y aumentó la euforia.

“¡Pin… Maradona, te dije que íbamos a ganar!”, grita con un celular encendido el mismo sujeto que al inicio no confió.

Entonces, Maradona se persignó de nuevo y se fue a abrazar a los Dorados, quienes terminaron así su racha de seis partidos sin ganar.