El resultado de los comicios del 1 de julio de 2018, va mucho más allá de la caída del Prian y todo lo que conlleva, representa la irrupción catártica de una extraña colectividad caracterizada, como una vez lo dije, por la devoción a la Izquierda, a Rius, La Jornada, Carmen Aristegui y, en principio de cuentas, a su gran gurú, Andrés Manuel López Obrador.

Me refiero, por supuesto, al Poder Chairo –“Chairo Power”, para que suene con más ‘punch’.

El chairo, según el Diccionario del Español de México, es la “persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes”.

Previo a las elecciones del año pasado, el término causó tanto revuelo que el Colegio de México se vio en la necesidad de buscar una definición e incorporarla de manera oficial a nuestro acervo.

De entrada, podemos percibir un concepto no muy positivo que digamos por parte del ‘non plus ultra’ de la lengua azteca.

Vaya, palabras más, palabras menos, lo define como un antiderechista sistemático, casi recalcitrante, comprometido ‘por encimita’ con lo que él mismo pregona.

Sin embargo, tras el triunfo de AMLO y la llegada de la Cuarta Transformación al país, todo lo que se diga alrededor de los chairos, sale sobrando, especialmente las denotaciones despectivas.

Hoy, el chairo forma parte de una raza que no solo se cocina aparte, también, señores, se respeta, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese. Así de sencillo.

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Yo, en lo personal, le confieso, nunca he ido muy ‘a doc’ con la doctrina chaira, más que todo por su devoción casi enfermiza hacia una persona, de lo cual nunca he sido partidario, en este caso, ‘ju líder moral najido en tabajco’.

Sin embargo, después de los decretos que entraron en vigor el 1 de enero pasado en la región fronteriza, señores, públicamente me atrevo a decir: perdón, chairos.

Sí, perdón por mi escepticismo, por creer que bajar el IVA y el ISR, poner ‘en cintura’ el precio de la gasolina y subir el salario mínimo al doble, era un disparate, o en el mejor de los casos, un sueño guajiro.

Y aclaro, no con esto me estoy declarando AMLOver, no, de hecho, tengo muchísimas otras dudas respecto a la Cuarta Transformación, pero de entrada, las disposiciones que surtieron efecto con el año nuevo me demuestran que el Gobierno federal en turno es un gobierno que escucha, entiende y actúa.

Ojalá que no solo haya sido un destello.