Santiago Barroso /SAN LUIS RIO COLORADO, Son.

Paulina Pérez Pérez no es de Guatemala, Honduras, ni El Salvador, sino de Chiapas.

Pero al igual que miles de inmigrantes de América Central se encuentra en la frontera Norte de México huyendo de la pobreza y la inseguridad.

Ella, junto con medio centenar de familias de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, acampa desde hace días en San Luis Río Colorado a la espera de que el Gobierno de Estados Unidos les reciba y resuelva una solicitud de refugio.

Acompañada de sus hijos Octavio y Agustín, de 10 y 7 años de edad, respectivamente, pernocta en el corredor peatonal que conduce al Puerto de Entrada de San Luis, Arizona a la espera de que le llegue su turno.

Así tiene ya cuatro días… Y al paso en que el Servicio de Inmigración y Naturalización atiende a los solicitantes, fácilmente podría esperar 15 días más.

POBREZA

“No hay trabajo allá, no hay nada”, afirma otro residente del Sur del país que, al igual que Paulina, tiene cuatro días viviendo en la “línea”.

Eleazar López viene de Apatzingán, Michoacán.

Con 38 años a cuestas, asegura que en su localidad de nacimiento no hay trabajo y que grupos delictivos mantienen en zozobra a la población.

“… Uno es gente de trabajo, ¿verdad?, pero ahí esos señores (delincuentes) son los dueños de todo”, externó con una voz apenas audible, como temiendo que sus palabras se fueran a escuchar hasta su comunidad de origen.

Algo similar ocurre con Hermenegildo Rivas, guerrerense nacido en la región de Chilpancingo.

Jornalero agrícola también, asegura haberse visto en la necesidad de desplazarse hacia la frontera a raíz de la violencia desmedida que priva en la entidad.

“Uno, lo único que quiere es trabajar; allá ya no sabe uno si va a regresar”, comentó.

Al igual que Paulina, Eleazar y el resto de las familias que acampan en la avenida Carlos G. Calles de San Luis Río Colorado, Hermenegildo interactúa día y noche con los residentes locales que cruzan la frontera para trabajar, estudiar, visitar familiares o ir de compras a las ciudades del Condado de Yuma.

Hace un par de semanas, el Ayuntamiento delimitó la banqueta con una cadena, como una forma de ordenar la estancia de residentes y solicitantes de asilo.

TRAMITE

Pero aún y cuando mexicanos y centroamericanos pasen semanas acampando a la entrada a la garita estadounidense, las probabilidades de que la Administración Trump les conceda el beneficio del asilo o refugio son pocas.

De hecho, para el Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos las dificultades económicas no se consideran razón suficiente para que una persona solicite el estatus de asilado o refugiado.

Son factores contundentes de aceptabilidad, la existencia de un temor bien fundado de persecución o porque la vida del solicitante o su libertad están amenazadas en sus respectivos países de origen.